Ilse's profileEL ÉPICO RETORNO DE LA V...PhotosBlogListsMore ![]() | Help |
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December 11 Brevísimo diario de una ligera andrófobaAguas, hermanas, que no por tener firme la espada adquiere más bravura el soldado.
Quizá os hayáis preguntado cómo este maravilloso ejemplar de hembra con abominables curvas no ha sabido amarrarse un macho al inventario cotidiano. No ha sido fácil: se requieren bastantes años de práctica para saber cómo apanicarlos hasta la punta de los pelos y dejarlos vivir para contarlo. Una vez bien establecida la introducción, hay que especificar la pregunta central: ¿cómo he logrado ahuyentar a los hombres de mi vida?
Comencemos la travesía en un momento donde ya había superado diversas etapas de la formación sexual freudiana. Sin entrar en demasiados detalles sobre la historia de mi primer novio infantil y de cierto juego de "la botellita" que permanece mejor enterrado, diré que ahuyenté al primer puberto que me atrajo poniéndole el cuerno con el mejor amigo y pidiendo cínicamente la ruptura como si yo hubiera sido la ofendida. Asunto cerrado; ¡no soy desecho de nadie! Además, la relación fue bastante poco fogosa y emocionante. Ni modo, así pasa cuando sucede.
Sería un año y medio después cuando apareció en mi historia un engendro muy curioso que casi me convence (y pronuncio el casi con un dejo de fastidio que agranda el abismo entre lo que pudiera haber ocurrido y lo que en verdad aconteció). Apliqué la dulce táctica del ratón veloz que jala el queso de la ratonera a gran velocidad; es decir, tras aburrirme toda una tarde a su lado, lo seduje hasta cierto punto para recuperar mi diversión ahogada. Eso estuvo considerablemente jocoso. Sin embargo, pesó más el choque de personalidades y me despedí casi para siempre por teléfono. El juego será por siempre un importante recurso para aprovechar al máximo las situaciones incómodas; jamás lo olvidéis.
Tras babear por una diversidad de malformados, espanté a un cuate de provincia con algunos destellos de esquizofrenia. Recuerdo bien cómo mi mamá decía constantemente en esas épocas que no anduviera anunciando, tan campechanamente, que mi mente estaba fragmentada según las cinco hermanas que habitaban allí. Realmente, pobre chamaco; gastó una buena suma, y vanamente, en larga distancia.
Varias estaciones más tarde, pasé por un enamoramiento del que no tiene caso hablar; bastante inválidas salieron mis emociones del trance. Pero meditemos brevemente al respecto: hice al tipo trotar porque no cualquiera puede con mi forma de correr. Ja. Más adelante en la historia, fue un diablito curioso el que no lo aguantó; probablemente tronóse al iniciar nuestra unión libre en un día de barros furiosos.
Fue aún más misterioso el último caso grave de hombre al agua que provoqué: lo saqué a patadas siendo moderadamente dulce y discretamente cariñosa, siguiendo con exactitud las palabras del manual. Todo marchaba tan maravillosamente que logré arrepentirlo. No crean que mi trabajo es de mala calidad: fue de abruptas proporciones el asunto. Recordad que la ley de Murphy va a la par de la segunda ley de la termodinámica y es natural que el fracaso se esconda tras cada sonrisa.
Admito, en defensa del sexo tan intimidado por mi persona, que hubo un caso donde yo fui la espantada. Ocurrió en el verano jarocho cuando conocí al sujeto en cuestión en un certamen científico. Este hombre era amigo de un niño que me incitó algo excesivamente a acostarme con el espécimen en cuestión. El mono grande incluso aprovechó la presión para agarrarme la cadera en una foto. En esos casos es cuando una debe dejar de menospreciar las pantorrillas que carecen de ejercicio apropiado y cambian músculo por adrenalina. No entrego mi castidad por corriente chantaje infantil. Procuremos dejar esta historia en risas olvidables.
Con este impresionante currículum en mi haber, puedo declamar sobre la decepción con amazónico orgullo y reforzar mis necesidades territoriales. Estas ilusiones no pasaron, por fortuna, a realidades atroces; y, como bien dice Don Juan, con la muerte a la izquierda, no hay tiempo de arrepentirse, aunque tampoco un particular deseo en mi caso. Mis planes conyugales para el futuro son tan seguros como los trazados para la nación por el pelele de lentes; moraleja: estaré alerta para poder dar el siguiente golpe. Algo sí es definitivo: no me verán haciendo canciones de amor en un buen tiempo. Comments (3)
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